Comenzamos en 3, 2, 1...


Hemos superado la primera semana del curso, aunque todavía estamos todos en plena adaptación: horarios, cambio de aula, diferentes ambientes, nuevas compañeras, rutinas...
Me parece importante comenzar desde el principio, favoreciendo el sentimiento de pertenencia al grupo y recordando los límites, destacando el respeto hacia las personas, hacia el ambiente y los materiales. 

Aunque pueda parecer una pérdida de tiempo, el curso pasado he podido comprobar que no es así.
Transportar y recoger una silla sin hacer ruido, abrir y cerrar una puerta correctamente, servir agua con una jarra de cristal, transportar una bandeja o una cesta, el uso de los manteles, regar las plantas, vaciar las papeleras, limpiar las mesas, etc. Son actividades de vida práctica que favorecen la autonomía en los niños, aumentando su autoestima y autoconfianza.


Los primeros días me he dedicado a observar, creo que es la mejor manera de detectar las necesidades de los niños, y hacer los cambios necesarios. Intentando interferir lo menos posible en sus interacciones y en su juego, se pueden descubrir cosas increíbles.


Para favorecer esta adaptación y despedir el verano, hemos comenzado un nuevo proyecto con aires sensoriales. Se trata de un proyecto que parte del entorno más cercano de los niños, de nuestra tierra.
La idea surgió al escuchar sus aventuras veraniegas,  todas tenían algo en común...la playa.
Y así comenzamos "Espuma de mar", hablando sobre la playa de Vega y creando nuestro propia playa.




Todos los días compartimos los "tesoros marinos" que van llegando a clase, nos encanta escuchar las aventuras que hay detrás de cada uno de ellos.

Y hablar de playa, de verano, de estrellas de mar, es hablar de Joaquín Sorolla. El pintor valenciano nos acompañará a lo largo de este maravilloso proyecto, despertando los sentidos con sus obras y recreando algunas de ellas.

Nuestra compañera luz nos descubrió "El sueño de Sorolla",  y hoy lo hemos disfrutado en clase y en nuestro jardín. Una gran sábana blanca era justo lo que necesitaba para despertar su interés. Una tela blanca como la del cuento, para coser las velas del barco y soñar despiertos.

"María se queda parada a la entrada del patio, sorprendida por lo  que ve.
La tela blanca cae al suelo como una cascada, enroscados y ondulando al menor movimiento de las manos que la cose. Parece un mar de nieve.
El sol, que se filtra entre las plantas del jardín, juega con la tela poniendo sobre ella puntitos de luz que danzan entre los pliegues".








 ¡Hasta la próxima semana!.

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